En nuestro planeta convive una gran diversidad de animales, plantas y otros organismos vivos que son esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas marinos y terrestres. Es lo que se conoce como ‘biodiversidad’, cuya conservación tiene impactos directos en el desarrollo del ciclo de nutrientes y del agua, la formación y retención del suelo, la resistencia a las especies invasoras, la polinización de las plantas, la regulación del clima, el control de las plagas y la contaminación, entre otros aspectos.

En los últimos años, la actividad humana ha alterado significativamente tres cuartas partes del medio ambiente terrestre y alrededor del 66 % del medio marino. Además, un millón de especies de animales y plantas está en peligro de extinción. Así lo recuerda la Organización de Naciones Unidas, que cada 22 de mayo celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica.

Para prevenir estos efectos negativos relacionados con la reducción de la biodiversidad, la investigación en Ciencias de la Tierra es una pieza clave. “Las Geociencias juegan un papel fundamental porque añaden el factor de la dimensión tiempo. Estudiar los cambios a lo largo del tiempo permite entender y poner en contexto que está pasando en la biodiversidad actual”, señala Santiago Giralt, investigador y vicedirector de Geociencias Barcelona (GEO3BCN-CSIC).

Según el investigador de GEO3BCN-CSIC, para entender el cambio en la biodiversidad de los ecosistemas es importante desde el estudio de la tectónica de placas y la formación de montañas y cuencas, hasta el análisis sedimentológico de los lagos, ámbito de estudio al que se dedica. “El pasado sirve como un sistema de aprendizaje de lo que pueda llegar a pasar en el futuro”, subraya Giralt.

 

“Si sé que una gestión determinada de las cuencas de los lagos acaba reduciendo la biodiversidad de estos ecosistemas, veré cuáles son los mecanismos que están provocando esa reducción, y podré recomendar determinadas medidas paliativas para intentar evitar esa pérdida de biodiversidad”, ejemplifica el vicedirector de GEO3BCN-CSIC.

En la misma línea, Encarni Montoya, paleoecóloga neotropical y actual profesora en la Universidad de Liverpool explica que “las Geociencias y, en particular, la Paleoecología y los registros sedimentarios son fundamentales para entender y conocer cuál es la vegetación natural de un sitio. Sin tener la perspectiva del tiempo es imposible de obtener”.

Asimismo, añade Montoya, es útil analizar los recursos geológicos, así como los georiesgos: “Al estudiar, a través de la paleoecología, una erupción volcánica que ocurrió hace mil años, puedes saber las consecuencias en la biodiversidad a través del estudio, por ejemplo, del contenido polínico presente en los registros sedimentarios”. “Esos resultados sirven para priorizar qué tipo de comunidad es más vulnerable a estas perturbaciones y, por lo tanto, conservar y elaborar planes de prevención teniendo en cuenta las catástrofes que pueden ocurrir en un futuro”, indica la paleoecóloga. 

Esta reducción en la diversidad biológica, estudiada a través de las diferentes disciplinas de las Ciencias de la Tierra, afectan directamente al ser humano y su forma de vida. Pedro Fernández, biólogo especializado en Biología Ambiental y actual técnico en GEO3BCN-CSIC, advierte que “la pérdida de biodiversidad puede producir que la estructura del ecosistema sea más frágil y sensible”, lo que fragmentaría el ecosistema, provocando la muerte de más organismos y la degradación en general de nuestro entorno. 

Los tres científicos afirman que el problema reside en la rapidez en la que se están produciendo esos cambios con respecto al pasado. “Están siendo especialmente abruptos y bruscos”, apunta Santiago Giralt, quien destaca que “el principal generador de esa pérdida de diversidad es el hombre”.

Fernández coincide en que “el peligro” reside en “la velocidad de extinción”, que puede provocar la “ruptura” de la red de interacción entre ecosistema y especies por la falta de tiempo para “reorganizar esos flujos de información, de energía, de nutrientes con nuevas especies”.

“Con esta aceleración de los cambios climáticos por las actividades humanas, la pregunta es si las especies van a poder adaptarse a ese ritmo”, resalta Encarni Montoya.

El futuro está en nuestras manos

“No se concibe la supervivencia de una especie sin la supervivencia del total de la biodiversidad. Cuánto más biodiversidad tengamos, más fácil nos será a nosotros vivir en este planeta”, insiste Encarni Montoya.

Para la investigadora, la diversidad biológica no sólo proporciona productos directos como medicinas o comida, sino también una cantidad importante de servicios ecosistémicos, como “la calidad del aire que respiramos o la tranquilidad mental que proporciona un sitio natural”.

“Nuestra propia subsistencia depende de que continúe existiendo una biodiversidad rica en el planeta. Si los diferentes organismos no se adaptan, nosotros acabaremos teniendo un problema de adaptación a los cambios que están viniendo”, explica el vicedirector de Geociencias Barcelona. “La sociedad juega un papel fundamental para proteger la biodiversidad”, recuerda Giralt, que apela a la responsabilidad de las personas para que sean “respetuosos” con esos entornos.

Por su parte, Montoya confía en las generaciones futuras y su capacidad de cambio: “Los jóvenes tienen una conciencia ambiental muy grande y eso es muy esperanzador”. Además, cree en la importancia de ir sumando acciones individuales para alcanzar el cambio colectivo. “Con tu aportación vas a cambiar la forma de pensar de otra persona. Así vamos haciendo y sumando todos. Al final entenderemos que necesitamos otro modelo de vida para subsistir”, opina la investigadora.

Pedro Fernández destaca también la necesidad de gestionar “correctamente” los recursos existentes: “No siempre una conservación máxima es lo mejor. Hay veces que conviene hacer una gestión de ciertas actividades para fomentar que haya variedad de especies y de procesos que beneficien tanto a la estabilidad de los sistemas como al disfrute de las personas”. 

“Ha habido cambios profundos, pero todavía hay vida, todavía hay variedad de especies, cómo lo gestionemos va a hacer que en el futuro haya unas formas de vida, unos ecosistemas u otros. Todavía hay mucho que salvar y que gestionar correctamente”, concluye el biólogo.

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